martes, 11 de febrero de 2025

Una parte de nosotros suena como el piano
de las baladas ochenteras que aun podemos escuchar.

De esos acordes de alma suspendida
cuyo relieve es impulsado
por los destellos de un cristal giratorio,
nacen y se deshojan
los fugaces momentos que fueron contigo. 

Así, una canción es un año
un año es un nombre
y un nombre que no pronunciamos.

Pero hay tantas cosas que no nombramos 
y pareciera que una historia mayor
-una que no podemos ver-
se reparte en fragmentos
como una lluvia de papelitos
con acordes y canciones.

Después de todo hay melodías largas y pequeñas
besos buenos y malos
víctima y victimario
salvador y salvado *hasta que cesa la rueda.

En la canción mayor prefiero trazar la ruta
por donde todas las imágenes viejas pasan.

Mi nostalgia es más bien una pregunta seria:
¿a dónde vamos cuando fuimos?

Y del resto ensoñaciones comunes, supongo,
con un poco de caminos alternativos,
aleatoriedad conveniente,
señales...

Así entonces, cuando los aviones
se convierten en estrellas fugaces
y las estrellas fugaces se convierten en aviones
pienso...
"Allá vas tú en el lado de la ventanilla
con la cabeza apoyada en el vidrio
escuchando una canción ochentera
invitándome a mirar por la ventanilla,
diciéndome:
Mira esa ciudad tan pequeñita que se ve
en el fin del mundo"

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