sábado, 4 de julio de 2015

Una ciudad no tiene rostro ni nombre

Vivo en aquel lugar a los pies de un cerro
donde me es permitido mirarla desnuda tendida en la arena 
mientras el mar le borda un vestido de espuma blanca
que el viento desgarra
con la sutileza que desprende la espuma de la roca 

Vivo en una ciudad sin nombre aunque quieran llamarla
Ella se llama así misma con todas las voces
una medida imperceptible de vino en la copa
una mirada hacia adentro más adentro de la noche 

Se abriga con el sol y su propia luz 
aunque no le permitan ver las estrellas

Tiene los ojos de un niño ya de hombre 
escuchando el canto de su madre

También un tren partiendo el pan de los pobres
en la mesa de los ricos 
donde sólo un gorrión no escucha diferencia y canta 

Vivo en un milagro detrás del cerro
en una ciudad sin rostro 
porque una ciudad no tiene rostro
ni nombre 
una ciudad es una tienda de espejos 
un dominó infinito siempre en marcha
un pequeño recuerdo   
en el corazón de un viajero
que la mira desde lejos como yo esta noche 




1 comentario:

Marta Máster dijo...


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