viernes, 10 de marzo de 2017

Pero la sombra del pájaro no pudo volar 
Como un polluelo esperaba el retorno 
Así otras tantas sombras
ese día de otoño
yo la esperé
sin esperar
y el mar,
camino del sol en el agua
pensé en decirle a las sombras
que la puerta hacia el sol estaba abierta
pero fue tarde
y de noche
sobre el cielo oscuro
una bandada de sombras se alzó
siguiendo la luz de la luna 

Yo la esperé
sin esperar
y el mar 
esa noche de otoño
los pájaros de mi cabeza
sin sombra ni plumas
no supieron dónde ir
pero al fin una canción de dos latidos
abrió la jaula de mi corazón  

Yo la esperé sin esperar y el mar
el mar...



EL ÚLTIMO TRINO DE GORRIÓN / 2da parte


El viento sopló entre las ramas de los centenarios árboles de la plaza.  Sentados en la misma banca dos ancianos miraban el lento caminar de Marito.
Bajo los pies de la iglesia un grupo de turistas españoles fotografiaban incesantes las tumbas que rodeaban el oratorio. Sacerdotes de otro tiempo dormían la siesta eterna arrullados con el sonido del río. Marito curioso de las aparatosas cámaras se acercó simulando un paseo.

“¡Ey chaval!”  gritó una turista. “¿A mí?” dijo Juanito. “Sí, a ti niño acércate ¿cómo estás?, me llamo Conchita ¿y tú? , “Marito”. “Es un placer, enhorabuena te veo, ven que te enseño a sacar la foto. Sólo debéis apretar acá y eso es todo”

Con gran delicadeza similar como cuando llenaba sus palmas de pegamento, dejándolas secar para retirarlas como piel, Marito tomó la cámara, puso el ojo en el visor, contuvo la respiración y en el momento del “whisky” apareció Natalia detrás de un árbol deshojado. Inmediatamente devolvió el aparato, caminó nervioso evitando cruzar mirada con Natalia pero ella no dio un paso, tan sólo Marito lo hizo rodeando la iglesia sin pensar en encontrarla de nuevo.
Al llegar a la salida la divisó. Natalia estaba de espaldas, la miró por unos instantes. Su piel de durazno tostado y su voz levemente ronca le acalambraban los pasos. Pensó que podría pasar desapercibido. Caminó pero quiso mirarla nuevamente. Se resistió, se dijo “vamos para la casa mejor” pero volteó la cabeza en el mismo instante que Natalia.  En aquel pequeñísimo momento recordó la pregunta por la cual muchos compañeros de clases rieron: “¿qué se ama cuando se ama?” citaba el profesor Antonio al poeta Gonzalo Rojas. ¿Ella era el amor o el amor soy yo que la quiero a ella? se cuestionó Marito volviendo a su mente de sopetón y a la misma velocidad la vergüenza. Antes de enderezar completamente su rostro echó marcha sin imaginar que de frentón chocaría con el mismo árbol deshojado por el que apareció Natalia. Marito corrió al río sin escuchar risas.

Al llegar a la orilla algunas ovejas bebían sedientas bajo el sol incandescente. Entre el balado y el sonido de las pequeñas cascadas musgosas del río, Marito hizo un espacio y se sentó. Bajo el agua las algas llamadas “lamas” se movían como verdaderos peces. Sus movimientos ondulares e hipnóticos parecían contar una leyenda que jamás nadie escribió. Aún así las aguas eran transparentes y su superficie un espejo de tono verde claro. Marito lanzó una piedra y una figura apareció, era Jimena la joven pastora de las ovejas.

“Hola Marito, ¿en qué andas?” dijo Jimena. “Nah, un poco aburrido eso es todo” contestó Marito. “¿Aburrido tú? Mejor aprovecha el día no seas tonto” dijo Jimena. “Sí lo aprovecho pero a veces no hay nada que hacer” replicó Marito. “¿Nada que hacer? entonces ayúdame a llevar a las ovejas” dijo Jimena. “Te acompaño hasta arriba no más, ya me quiero ir a la casa”.

Lentamente comenzó el éxodo. Jimena miraba a Marito con ternura, intuía sus angustias. Años atrás la joven pastora tuvo que partir del pueblo para completar su enseñanza media pero regresó antes de terminarla, no aguantó estar lejos del pueblo, lejos del silencio que crecía allá donde pastoreaba a sus animales, donde pisar el pasto seco era similar al sonido crujiente de las galletas, donde no hubo una amor más grande que vivir sin prisa el momento.

El día fue un puñado de agua y el ocaso llegó como si las nubes apretaran el sol.
El sol se alejó y la noche llegó con su cara llena de pecas blancas.

Fue un día especial para Marito, diferente al resto de los días que recordaba. A la hora de la cena a penas dio unas cucharadas a la sopa, tomó al gato y aprovechó los últimos minutos de luz eléctrica.  El motor del pueblo proveía de electricidad  hasta las 11 de la noche sin embargo en ocasiones la vieja máquina fallaba.

 Antes de dormir Marito pensó en la primera vez que conoció a Natalia. Evocó una tarde de otoñó, el día gris, las calles más vacías de lo acostumbrado, el coro de la escuela ensayando una canción cuya única estrofa descifrable era “sopla el viento” y aunque no soplaba el viento en aquella ocasión algo tan ajeno como un copo de nieve en el desierto cruzó la esquina de la posta rural,  avanzó por un pequeño pasaje , corrió hasta los únicos columpios del pueblo y en el vaivén del movimiento la observó de arriba a abajo deteniendo su rostro de ojos cerrados justo cuando estaba más cerca del cielo. Marito se quedó dormido recordando a Natalia.

Aquella noche papá Mario olvidó cerrar la puerta de la cocina, oportunidad que aprovechó rayito para escabullirse por entre la trenza de ajos y el antiguo agujero antes una chimenea de salamandra. Rayito cruzó la noche sobre el techo de la casa. Impávido sorteó el frío, se detuvo, miró algunos segundos las estrellas. Bajó de un saltó hasta un tambor repleto de semillas de zanahorias. Al intentar llegar al suelo movió levemente un par de botellas vacías de cerveza. Igualmente impasible siguió su rumbo tan desconocido como ese espacio oscuro que separa los astros.

El tímido sol del Este dada sus primeros abrazos. Sobre el campo los hombres comenzaban la jornada. A contraluz no eran sólo hombres sino perfectos trazos de una pintura; óleos con picota y vino avanzando entre la tierra sembrada.

El viento frío de la cordillera se esparcía como un suspiro. Algo mágico ocurría entre las casas del pueblo al contacto con la fresca brisa. Al menos un integrante por familia abría los ojos en sincronía con sus vecinos. Marito despertó recordando el sueño donde entendió el por qué de aquel singular suceso sin embargo, el sonido de una zampoña lo distrajo y los códigos oníricos desaparecieron. A Marito no le importó demasiado, prefirió poner atención a la música. Sin echar de menos al gato miró por la ventana y se dio cuenta que en realidad era el viento el que orquestaba el sonido.
Las botellas vacías antes movidas por rayito quedaron de tal forma que la naturaleza se encargo de tocarlas.

martes, 7 de marzo de 2017

El Último Trino del Gorrión / 1ra Parte

Despertó en la mañana y el frío intenso de la noche dio sus últimos suspiros por entre las pequeñas hendiduras del techo. De esas mismas grietas la luz revelaba el polvo como copitos de oro blanco suspendidos en el aire. Amanecía en San Francisco de Chiu Chiu y el trinar de los gorriones era antecedido por el viento. El pequeño Iván hijo de Alina Zorich irrumpió el silencio con las cumbias de moda. Mamá Tita, la matriarca de la casa, bostezó entre risas buscando su chaleco inmune al deshilache. Marito seguía en cama, en silencio, disfrutando la cotidiana escena.

El verano pasó lento entre carnavales y zambullidas en el río, tal vez el más hermoso que vivió Marito aunque para él sólo fueron días calurosos, fotografías de una carrera al río y la noche como el velado pero con estrellas, muchas estrellas.

Aquella mañana fría dos gallinas castellanas de las nueve que habitaban en el patio intentaban entrar por la puerta trasera de la casa. Marito las correteaba apenas con la intensión y un leve movimiento corporal.  El aroma de los cuatro huevos frescos rescatados minutos antes de la gallina estrella inundó la casa despertando al gato y aunque a rayito no le gustaban los huevos de igual forma agitó la cola como disfrutando ese mágico e imperceptible momento cuando el crujir del pan recalentado detuvo el tiempo por unos instantes.

En la mesa, aún con minúsculos restos de la noche, el vapor del té con menta dibujó siluetas que dejó contemplativo a Marito. Él recordaba la quema de pastizal del tío Marcial y ese humo intenso que espantaba a insectos y lagartijas.  Alguien tocó a la puerta en el momento exacto en que todos guardaron silencio. Era Benita, cuidadora de la iglesia.

“Te ganaste la lotería ingrata que ya no vení” dijo mamá Tita preparando la mesa para otra taza de té. “Es la pierna Tita, la custión no se me pasa” replicó Benita. “Estás vieja, ¿ya tomaste tecito?” dijo mamá Tita. “A eso vengo y pa´ una frieguita también” contestó Benita.

El calor de un nuevo día se colaba entre la gente y el pequeño Iván y todos en la mesa daban un poco de luz con las palabras. Una conversación cotidiana, las migas repartidas en la mesa, papá Mario en el potrero, las manos secas, el cosquilleo en la mejilla y de pronto el recuerdo, el recuerdo llegó a Marito congelándole los huesos. “El lunes entro a la escuela” pensó,  y sintió por supuesto que el mundo rodaba por la mesa, que todos rodaban por la mesa y lo dejaban solo. 

El mediodía en Chiu Chiu es un cerrar y abrir de ojos frente al sol. El parpadeo desliza el exceso de luz y el fulgor se va al resto de las cosas.

Marito caminaba por las calles blanquecinas pateando fragmentos de barro seco. No conocía la angustia hasta entonces, tal vez un par de preocupaciones relacionadas con la salud del gato y el desteñido de sus pantalones favoritos. 

Luego de algunos minutos de caminata llegó a las tierras de su familia. Ahí estaba papá Mario a punta de pala y picota recogiendo la cosecha de zanahorias. El viento era más fresco bajo la sombra del pimiento que observaba a los hombres hacía ya muchos años.

“Sírvase coca mijito y traiga los vasitos para el resto” dijo papá Mario. Marito sirvió con paciencia los vasos espumosos de azúcar. Los demás hombres se unieron en silencio bajo la sombra del árbol. 

El viento disminuía su marcha hasta quedar suspendido. “¿Qué piensan todos?” se preguntó Marito cuando en realidad nadie pensaba nada. Era vacío, espontánea abstracción de un día similar a los anteriores, llenos de calma y un gorrión atravesando el silencio. 

Desde aquel lugar podía apreciarse el pueblo; las casitas bajas y sus muros de barro, los pimientos más altos. 

Sólo faltaban un par de sorbos para que todos terminaran de beber. Marito fue el último cuando oyó su nombre expandirse desde el pueblo hacia todas las direcciones. “Teléfono para Marito Zorich, teléfono para Marito Zorich” repetía el parlante del único teléfono de Chiu Chiu. Marito y papá Mario se miraron de frente. Sin decir palabra entendieron el “anda” y el “voy corriendo”  más rápido que al pronunciarlo. Marito trotó tranquilo, llegaría a tiempo antes de que volviesen a llamar.

Cruzando la entrada principal del pueblo Marito olvidó por completo su reciente angustia. Le siguieron dos perros dejando una estela de polvo en el camino.

Colindante a un museo –jamás inaugurado- se encontraba la pequeña habitación con el teléfono. Marcela Cavour era la encargada de atender las llamadas y anunciarlas a viva voz en pleno desierto.

“Hola Marcelita, ¿quién me llamaba?” dijo Marito. “Tu hermano parece, pero no sé cuál de los dos. Siempre se me confunden” pronunció Marcela. El teléfono sonó. Contestó Marito.


“¿Aló? Marcos cómo estay. En el potrero. Pero mejor dile a la mamá. ¿Vas a venir mañana?” decía Marito. “Chatito, mañana en la mañana estoy por allá y adivina, te acabo de comprar la corbata pa´la escuela” dijo Marcos.

El sonido de una cumbia sonó en el aire. Marito recordó la letra: “Cartero por favor, entrégale esta carta, cartero por favor y dile que la recuerdo”.
Cuando acabó el coro de la canción Marito se despidió de su hermano. Con paso lento y cabizbajo avanzó hacia la plaza en dirección a la escuela. Caminó por el frontis zigzagueando los pilares. “No quiero dejar mi pueblo” pensó, pero nada podía hacer.

sábado, 4 de marzo de 2017

Ya no me conmuevo como ayer
Un paso a la vez
Otro paso de vez en cuando
Inmóvil a veces
Inmóvil todo el tiempo

Cuando termina la película
comienza otra
y no encuentro el temblor
la paloma en la pupila
el murmullo en el oído
la rasa arena bajo el agua

Pienso en los días de sal y en los días de sol
ambos en la garganta talándome palabras

Si yo pudiera seguir el rayo
allá donde crece una helada mañana
llena de tierra húmeda
lleno de esperanza sin tener esperanza
lleno de amor sin un beso
lleno de risa apenas el labio ascendente
la brisa sobre la hierba 
el trino bajo la luna
la niña y la llama cruzando la plaza

Un segundo ya no me conmueve como ayer
me detiene entero
y soy más frágil y terco
cuando no vuelvo de allá
por miedo a que acá
me rompa el silencio

jueves, 2 de marzo de 2017

Tocas el amanecer con la punta de la lengua
No miente el brillo de la pupila
Ni tus ojos cerrados
Ni tu rostro lleno de signos
Ni tu espíritu que canta entre la espuma y la ola
la mudez de la luna, tu ser...
Dos plumas rozan la misma verdad
con su hebra de oro
y en remolinos pequeños
el viento acaricia tu piel

Sólo para ti este secreto:
Cuando duermes
sólo tú puedes hacerlo
el resto del mundo
mece tu sueño en el alma 

martes, 28 de febrero de 2017

Escribo para ti con el lápiz pegado a los huesos
con humanidad severa y frágil
con carne y alma

Escribo para darte una luz
y frío 
y una calle 
y la lluvia
y los ecos, la pintura

Escribo sobre mí
literal
me rayo los brazos
con letras infantiles 

Escribo para quién 
qué sé yo
para ti
para mí 
¿para el eco o la pintura?

                           *rezo camino a la primera 
                         *miro mis manos coloreadas
                       *nadie conservó un dibujo de mí cuando niño
                       *la poesía paga mis cuentas
                         *ja
                           *ja
                             *ja
                               *aprendí con la mentira a no mentir


¿Escribo para qué?

para ti
para mí
para ti


miércoles, 11 de enero de 2017

Retorno sin polvo

No parece tan lejano andar por ahícon el color de las palabras que no se pronuncian 

No te confundas,
la cara dice más que la boca
pero ni tú ni yo podemos entenderlo del todo 

No visito el bar ni el café cuando debo pisar firme

Con el rigor de un árbol y la levedad de una hoja 
miro todas mis estaciones antes de sacarme el sombrero

Le digo adiós al fantasma 
que no paró de gritar mi nombre 
en toda fractura similar a mi experiencia

Apoyo la cara contra el vidrio
me toco los huesos no las mejillas
grito sin voz sobre el polvo
el polvo es movido por el viento

o más simple 

Me he mirado al espejo otra vez 
y quien fui no sigue siendo
Me salen las primeras arrugas
como surcos que ofrecen nueva tierra
y acá estoy 
contemplando el barco que se aleja
en el mar profundo de los ojos 








jueves, 13 de octubre de 2016

Al oído; somos más que un cuerpo

No se dice nada supongo
es una suerte de pensar
que todo ya está dicho
en el rigor del silencio
o en la quietud del silencio

No hablo de todas las palabras
sino la que antecede la propia;
una copia en miniatura de todas las palabras
plena en la medida en que los ojos vean
todo lo que no pueden ver adentro

Ser inmovil entre toda la danza
Disparo en la roza
Grito del abismo atravesado por la luz
Lenta y tenue lluvia de arena 
movida por el viento
brillando por el sol

Todo adentro
todo afuera
unido por el mismo hilo que atraviesa los planetas
para dejarnos collares en el cielo
o una diadema que quiere ser palabra
en la cara sucia del niño en el barro

Nada se dice supongo
cuando de frente nos encontramos
a nosotros mismos
y no hay mentira que pueda ser verdad
en la blanca y generosa propuesta del espejo

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Caballo negro de la noche




Caballo negro de la noche
trota conmigo este camino 
libérame del ángel asesino
que me ata en el corral de la discordia

Vamos a seguir el humo
que desprende el chirrido de los sueños
que esta noche compañero
todos los trenes van a la luna

Ves que los fantasmas 
también miran las auroras
en el eco de la calle 
sobre un charco que nadie nota 

Caballo negro de la noche
sube en tu lomo a los abandonados
detrás de ti haremos fiesta
como locos enamorados 

Corre libre 
que jamás te domaremos 
caballo negro de la noche
en tu nombre beberemos,
              los poetas

viernes, 23 de septiembre de 2016

Doble corriente




Y andar y andar significa poco
barcos incendiados
en las manos como anhelos
si es que acaso no he encallado
en el puerto de los soles 
donde siempre se mira el agua de los ojos,
otras rutas
el mar;
júbilo mudo de palmas azules
brillo alfombrado de rocas
camino imposible del peso
Me hundo
y es verdad que los peces no tienen sombra 
en el grave murmullo del fondo
Qué remedio
me ahogo
no camino
y andar y andar significa todo
bocana de aire
la brisa